El futuro de la política científica

En 1995, con Mariano Gago, la política científica adquiere autonomía y misión propia. Su propósito era desarrollar el sistema científico, con sus propios instrumentos financieros y un marco estable de instituciones y programas. La política lanzada entonces incluiría, en particular, líneas y programas de formación avanzada y financiación sobre una base competitiva, regular, previsible, transparente y legible, de acuerdo con las mejores prácticas internacionales.

Casi 30 años después, ha habido voluntad política para continuar con su legado. En este viaje aprendimos que ganar escala es importante para el desarrollo y consolidación de un sistema científico que abarque todas las áreas. Sin investigadores, sin centros de investigación y sin recursos físicos y económicos no habrá ciencia. Estos son una especie de cimiento, sin los cuales no habrá edificio.

En el campo de la ciencia, el país aún no ha alcanzado las metas deseadas durante mucho tiempo. Esos cimientos aún no se han completado y, por tanto, las elecciones que se hagan no deben comprometer la consecución de este objetivo primordial de la política científica. Como ejemplo, menciono solo tres opciones de políticas dignas de atención.

En primer lugar, iniciativas para promover el empleo científico en modalidades más estables, transformando las becas en contratos de trabajo de duración determinada. A partir de 2026, las universidades y los centros de investigación tendrán una responsabilidad decisiva, a la que no se niegan, en vincular a muchos investigadores. Es importante que se les den las condiciones financieras para poder asumir plenamente estos nuevos compromisos. También es importante tener en cuenta que el empleo científico no será sostenible con tasas de aprobación, y consecuente financiación, de sólo el 5% de los proyectos solicitados.

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En segundo lugar, la financiación de proyectos por opción política, como ejemplo de los protocolos con varias universidades americanas. Es importante garantizar la evaluación de estos proyectos, identificando cuántas y qué universidades y unidades de investigación participaron, el costo de formación de cada estudiante y el retorno obtenido.

En tercer lugar, la creación, en los últimos años, de diferentes tipos de instituciones de investigación e innovación en la intersección de la ciencia, la economía y las políticas territoriales. Es necesario definir claramente la misión específica de cada institución para mejorar la legibilidad institucional, evitar la opacidad del financiamiento y salvaguardar la autonomía de esas distintas políticas en el marco de su articulación.

*Profesora universitaria

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