ESPACIO ABIERTO – Cobayas humanos

La historia, cuando es respetada por el escritor, registra la verdad. Imaginar que solo puede servir para perpetuar lo que parece “bello” no es ético y, mucho menos, contribuye a la evolución de la humanidad. Así, tenemos hechos – no versiones de ellos – que nos permiten transformaciones, cambios importantes. Y para mejor.

Hace muchos años tuve el privilegio de conversar con un personaje de la historia que, por sus méritos, fue, hasta el día de hoy, la única persona en ganar dos veces el Premio Nobel, en diferentes áreas y sin compartir con nadie, Química (1954) y Paz (1962). El norteamericano Linus Carl Pauling se encuentra entre los científicos más relevantes de todos los tiempos. Con cientos de artículos y varios libros publicados, fue uno de los padres de la Química Cuántica y la Biología Molecular.

Linus, fallecido en 1994, dejó un brillante trabajo científico, además de ser un respetado activista contra las pruebas nucleares. En 1986, durante un evento internacional por la paz, conocí a Linus Pauling. Me tomé la libertad de hacer una pregunta personal. Le pregunté a quien llevara la marca del campo de concentración nazi en su brazo, por qué no enterrar para siempre las barbaridades cometidas contra el pueblo judío. Linus, con sus mejillas sonrosadas y sus ojos vivos, con ternura en su voz, me dijo: “Debemos recordar siempre, para que no vuelva a suceder”.

Dirceu Portugal / Fotoarena / Folhapress

En 1932, en el condado de Macon, Alabama (EE. UU.), El gobierno federal reclutó a 600 hombres muy sencillos, de poca educación y posesiones, para exámenes médicos. Más de la mitad de ellos padecía sífilis. El Departamento de Salud Pública prometió tratamiento a todos los que luego recibieran solo un placebo durante los próximos años. Ninguno de los hombres fue medicado correctamente con penicilina, el tratamiento para la enfermedad.

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El estado de Estados Unidos quería investigar la enfermedad. Los hombres eran, además de gente muy sencilla, todos negros. Fueron víctimas de una forma criminal de obtener sujetos humanos, por no hablar del racismo. Además del médico Josef Mengele, bajo el mando de otro monstruo, Adolf Hitler, utilizó al pueblo judío para experimentos científicos inhumanos.

En el transcurso del CPI de Covid en el Senado Federal, se evidenció que Prevent Senior se ocupó del “kit de covid” del gobierno federal a innumerables pacientes de la institución, la mayoría de ellos ancianos. La Agencia Nacional de Salud Suplementaria dejó en claro que estas personas no fueron informadas sobre el tratamiento que recibieron, y mucho menos sobre sus familias. Lo peor de todo es que, según la ciencia, se ha demostrado que este kit es ineficaz; y, en algunos casos, incluso arriesgado.

Uno de los pacientes ya ganó en los tribunales, en primera instancia, una demanda acusando al hospital, perteneciente a la red Prevent Senior, de irresponsabilidad en su cuidado. Ya había alcanzado un nivel de severidad que requería ingreso en la UCI, sin embargo lo trataron con cloroquina y lo dejaron solo en terapia semi-intensiva.

Como en la época del nazismo y el episodio de los Estados Unidos, aquí también, en el siglo XXI, hay “conejillos de indias humanos”, y bajo el manto de la negación, la mentira, la crueldad. ¿Hasta cuándo continuaremos siendo testigos de tales atrocidades, bajo la falsa vanidad de afirmar que somos civilizados y desarrollados?

Ricardo Viveiros es periodista, escritor y docente

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