ICBAS establece estándares para la ciencia abierta en Europa

ICBAS establece estándares para la ciencia abierta en Europa

rosa – Responsible Open Science in Europe – es el nombre del proyecto europeo que implicó Instituto Abel Salazar de Ciencias Biomédicas (ICBAS) de la Universidad de Oporto en definicion de pautas destinado a regular la ciencia abierta en Europa. Concluido en febrero de este año, el proyecto trabajó durante tres años, en el marco de Horizonte2020, para crear nuevas herramientas para una mayor integridad científica en el contexto de la ciencia abierta.

Este trabajo surgió de la necesidad planteada por el aumento de la ciencia abierta en Europa y las cuestiones éticas resultantes, concretamente la mala conducta en la investigación y los criterios de autoría.

“Estamos hablando de cifras muy importantes de falta de integridad científica, y sabemos que no hay instituciones que estén exentas de esto. Incluso sabemos que los números han aumentado, y aunque hoy tenemos herramientas que nos permiten detectar estos problemas, obviamente esto sigue siendo un problema muy grave”, señala. Ana Sofía Carvalhoinvestigador responsable del proyecto en el ICBAS.

¿Un desafío fácil? “No siempre”, admite el investigador, dadas las “diferentes velocidades” de los países europeos en lo que respecta a la ciencia abierta.

Según Ana Sofía Carvalho, “la ciencia abierta ya está muy consolidada en términos de madurez en varios países, pero en otros aún queda un largo camino por recorrer”. Es el caso de Portugal: “Nuestro país se encuentra todavía en un nivel medio-bajo en ciencia abierta, pero es un camino que se está tomando”, afirma.

Sobre todo, una cuestión cultural, que explica por qué los países del norte de Europa se encuentran en otro nivel de madurez científica: “Para los países nórdicos, que ya tienen una cultura de transparencia y apertura, la apertura de la ciencia no es tan disruptiva. como será para los países del sur de Europa. Estos países ya tienen todos los documentos públicos, los ciudadanos ya tienen acceso a todo. Los demás países tendrán que prepararse para esto”, afirma el especialista en las áreas de ética y bioética.

“Si queremos que los ciudadanos sigan confiando en la ciencia y paguen por ella a través de sus impuestos, tenemos que seguir una política de reciprocidad y darles a los ciudadanos lo que son. salidas y el beneficio que la ciencia puede aportar al ser humano”, Ana Sofia Carvalho.

La ciencia al servicio de los ciudadanos

El proyecto ROSiE, financiado por la Comisión Europea, tuvo como principal objetivo la creación de herramientas prácticas, capaces de garantizar la ética y la integridad en la investigación en ciencia abierta y ciencia ciudadana, para todas las áreas de la ciencia.

Estas herramientas, según explica Ana Sofia Carvalho, pretenden ser un complemento a las denominadas Código de conducta europeo para la integridad de la investigaciónun documento que describe responsabilidades profesionales, legales y éticas y que pretende servir de autorregulación para la comunidad científica.

Además del aspecto regulatorio, el proyecto también incluyó un aspecto dirigido al desarrollo de estrategias educativasenfocados en diferentes áreas disciplinarias.

Compuesto por un equipo multidisciplinar que, desde el ICBAS, incluía también a la profesora e investigadora Maria Strecht Almeida, el proyecto involucró también a otros investigadores de 10 países diferentes y fue coordinado por la Universidad de Oslo.

Los resultados del proyecto se presentaron en un sesión pública que tuvo lugar en el Parlamento Europeo.

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