La Ciudad de México puede hundirse 20 metros; comprender

Mirando el horizonte de México es posible notar una característica inusual: las casas, los edificios y las calles no tienen una perspectiva en la que trazar una línea recta. La ciudad está retorcida.

Pero no siempre fue así. El fenómeno inusual en otras partes del mundo se inició con la extracción de agua subterránea de la región que se ha producido durante años, lo que provocó que el suelo se deforme y aplana en unos 10 centímetros por año. Aún más preocupante, sin embargo, es el nuevo pronóstico: se espera que la Ciudad de México se hunda de 20 a 30 metros para fines de siglo.

El cálculo catastrófico fue realizado por dos investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, el geólogo Solano Rojas y el geofísico Enrique Cabral-Cano, quienes le dijeron a la revista Cableado que los síntomas de este naufragio serán responsables de innumerables problemas de infraestructura en la ciudad, como la condena de edificios, la reparación de calles, además del saneamiento que puede verse comprometido.

Para comprender mejor la base, por así decirlo, del naufragio, es necesario volver a la historia de la Ciudad de México. Los aztecas, residentes de la región hasta el siglo XVI, construyeron su capital, Tenochtitlan, en una isla en el lago de Texcoco, ubicada en una cuenca rodeada de montañas. Cuando llegaron los españoles, destruyeron Tenochtitlán, luego comenzaron a drenar el lago y a construir sus edificios sobre él. Años después, tenemos la metrópoli que se ha convertido en la moderna Ciudad de México bajo un lago que ya no existe.

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Este evento desencadenó los cambios físicos que desencadenaron el hundimiento de la ciudad. Cuando los sedimentos del lago debajo de la Ciudad de México aún estaban húmedos, las partículas de arcilla que los componían estaban dispuestas de manera desorganizada. Con la presión de las construcciones y la sequedad del suelo, se produce el reposicionamiento de los sedimentos que ahora se compactan.

Los funcionarios de la Ciudad de México han reconocido el problema desde el siglo XIX, cuando vieron caer edificios y comenzaron a tomar medidas. Esto le dio a Solano-Rojas y Cabral-Cano valiosos datos históricos, que combinaron con mediciones satelitales realizadas durante los últimos 25 años. Al lanzar ondas de radar en el suelo, fue posible medir en detalle cómo evolucionan las elevaciones de la superficie en la ciudad.

Usando estos datos, los investigadores calcularon que tomará otros 150 años para que los sedimentos de la Ciudad de México se compacten por completo, aunque algunas áreas pueden tomar más o menos tiempo. Cuanto más espesa es la arcilla en un área determinada, más rápido se hunde. Es posible que otras áreas, especialmente en las afueras de la ciudad, no se hundan mucho, ya que están basadas en rocas en lugar de sedimentos.

La extracción de agua subterránea no es solo un problema en la Ciudad de México. Yakarta, Indonesia, se hunde hasta 25 centímetros por año; en el Valle de San Joaquín, California, se midió un naufragio de 8 metros. Históricamente, el bombeo de agua subterránea resolvió los problemas inmediatos de las comunidades y asentamientos, haciendo posible la agricultura, pero creó un desastre a mucho más largo plazo.

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Por tanto, se vuelve irreversible. Lentamente, y cada año, la Ciudad de México se volverá más y más retorcida.

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