Lo indefinible del Carnaval salva fiestas como en los viejos clubs

La incertidumbre sobre la realización del Carnaval en 2022 -que creo que no sucederá por el abandono de las grandes estrellas con sus bloques- ha consolidado la posición de los dueños de palcos privados que han decidido organizar el Carnaval “bajo techo” con grandes nombres en música enfocada, sertanejo, funk, pagoda, electrónica. Esto es parte del protocolo establecido por el gobierno para publicar eventos para hasta cinco mil personas.

En estos tiempos de pandemia que vivimos, cuando se publicaba en periódicos, blogs y webs la noticia de que se realizarán las fiestas en los palcos, haya o no carnaval callejero, se compartieron las opiniones. Al final, todos tienen razón. Si no hay solución del gobierno para organizar una fiesta para la gente que no tiene dinero para pagar las cajas, será raro. Estamos hablando de una fiesta organizada en barrios populares con grandes atractivos. Lo que sería justo. Después de todo, todos tienen derecho a jugar en nuestra fiesta más popular. Pero mientras no se defina nada, vayamos a los hechos.

Hice este preámbulo porque, de hecho, los palcos del Carnaval en Salvador después de la explosión impulsada por la música en la década de 1980 son solo los viejos bailes de clubes. Basta con hablar con los ancianos que han disfrutado mucho de las celebraciones bahianas y recordarán con nostalgia los famosos bailes que tuvieron lugar en clubes como el Bahiano de Tênis -el que cantó Gil en la canción Tradição que preto não entra-, o la Associação Atlética da Bahía, Club Portugués, Español entre otros. También estuvo el Baile das Actrizes en el Teatro Vila Velha y más tarde el Baile da Oxum, una disidencia liderada por el actor Benvindo Siqueira que tuvo lugar en el hotel Méridien.

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Caja salvadoreña (Foto: Divulgación)

Si nos remontamos a mucho tiempo atrás, están los famosos bailes que tenían lugar en clubes centenarios como Cruz Vermelha, en Campo Grande y Puppets da Euterpe, en Dois de Julho, fundado en 1884 y aún en funcionamiento. Los bailes fueron mecidos por una banda de música y los juerguistas se deleitaron con confeti, serpentinas, lanzadores de esencias y marinhas tradicionales.

Recuerdo cuando era pequeño cuando se celebraba el Carnaval en tres días: domingo, lunes y martes. Escuché a mis hermanas comentar que el domingo y el martes la fiesta era “en la ciudad”, y el lunes fue en Liberdade, donde vivía con mi familia. De hecho, incluso hoy, mucha gente, cuando necesita hacer algo en la ciudad, dice que se va a “ir a la ciudad”.

Hasta principios de los años 80, el fuzuê estaba en la Praça Castro Alves cuando los tríos y el famoso desfile gay tuvieron lugar en las escalinatas del edificio que ahora alberga la Federación de Fútbol de Bahía, donde solía cerrar el argentino Fernando Noy. En ese momento, la multitud se llamaba “muñeca”. Luego vino la música enfocada, nuevos ídolos y nuevos hábitos con la introducción de cabañas. Primero los solo por invitación, como el de Daniela Mercury, luego el Espresso 2222 de Gilberto Gil, dirigido por la empresaria Flora Gil, el único de los grandes que queda todavía por invitación, pero que no llegará en 2022.

A diferencia de Carnavalito y Vilas Salvador, en Arena Fonte Nova; Salvador en el Palais des Congrès, Planeta Band, en el discapacitado Bahia Othon, en Ondina y Skol en español. Para hablar sobre la historia de estas cabañas y su presencia en el Carnaval de hoy, Baú do Maroon fue a hablar con el empresario Tinho Albuquerque, socio de Central do Carnaval, quien es responsable de la venta de abadás de la mayoría de cuadras y pasaportes para las cabañas.

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Tinho Albuquerque (Foto: Uran Rodrigues – Divulgación)

“El Carnaval de Salvador es una celebración muy interesante porque cambia cada año. Quienes vivieron las festividades en los años setenta y ochenta recuerdan la grandeza del Balón Blanco y Negro en el Clube Bahiano de Tênis, las maravillosas fiestas del Clube Português y tantas batallas de confeti en la Associação Atlética y en todos los clubes sociales de la ciudad que vivieron. este clima intensamente y fueron los protagonistas del Carnaval. A partir de la década de los 80 se produjo un gran cambio con la aparición de los bloques que asumieron plenamente el papel del partido. Más recientemente, con el fortalecimiento del Circuito Barra / Ondina, ha habido un cambio muy grande con la aparición de cabañas con superestructura, espacio para presentaciones, patio de comidas y otros equipos de entretenimiento, en otras palabras, verdaderos “clubes”.

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