Nuno Peixinho, el astrofísico “perpetuado” en un asteroide que hace ciencia “a largo plazo”

“He pensado en rendirme varias veces, pero esto me gusta mucho, soy bueno en lo que hago”, dice a Lusa, sin vergüenza, la investigadora de la Universidad de Coimbra y del Instituto de Astrofísica y Ciencias Espaciales y ex presidente de la Asociación de Becarios de Investigación Científica.

El astrofísico portugués fue noticia esta semana por nombrar un asteroide descubierto el 16 de septiembre de 1998, en una campaña de observación en el Observatorio Lowell, en Estados Unidos.

Previamente designado (40210) 1998 SL56, el asteroide pasó a denominarse (40210) Peixinho, por decisión, dada a conocer el lunes, por el Grupo de Trabajo para la Nomenclatura de Pequeños Cuerpos de la Unión Astronómica Internacional, organización que dirige el astrónomo, también portugués. , Teresa Lago. La propuesta de nombrar el asteroide provino del observatorio norteamericano.

O “Peixinho” é um corpo rochoso que pertence à Cintura de Asteroides, entre as órbitas de Marte e Júpiter, e orbita o Sol a uma distância média três vezes superior à que separa o Sol e a Terra, completando uma órbita em cerca de 5 ,3 años.

Nuno Peixinho se especializa en la caracterización física y química de pequeños cuerpos del Sistema Solar, como asteroides, cometas y objetos transneptunianos (cuerpos helados que orbitan el Sol a una distancia media mayor que la de Neptuno).

A través de su trabajo, centrado principalmente en la observación y estudio de objetos transneptunianos, viajó a Canarias y Sierra Nevada, en España, pero también a Hawai, en Estados Unidos, y Chile para observar estos cuerpos con telescopios y “percibir”. cómo funcionan “desde un punto de luz.

“Es fantástico intentar averiguar cómo funcionan las cosas y por qué”, enfatiza, argumentando, para los más dudosos, que su trabajo puede permitirnos entender cómo se formó el Sistema Solar o cómo apareció la vida en la Tierra.

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El futuro “es el espacio”, dice, y un día “la humanidad tendrá que buscar alternativas” para sobrevivir, “en otro planeta o en una ciudad en el espacio”, porque la Tierra no es eterna, aunque su fin, muy lejano. , se predice en los manuales dentro de miles de millones de años.

De manera romántica, la obra de Nuno Peixinho tiene poco y hasta puede resultar aburrida y generar noches de insomnio, según admite: en lugar de observar el cielo a través de la lente de un telescopio, se mira a una computadora a la que se le envió la imagen del cielo. cielo capturado por la cámara digital de un telescopio, horas a la vez, noches enteras.

Sin perspectivas de vida estable, idea a la que se acostumbró durante mucho tiempo, el científico no formó una familia, alquiló una casa en lugar de comprar, realizó investigaciones de forma intermitente.

“Nadie se aventura en grandes proyectos, no sé dónde estaré dentro de tres años”, dice el delegado portugués del Comité de Usuarios del Observatorio Europeo Austral, que opera uno de los telescopios más grandes del mundo.

Un investigador con beca o contrato temporal puede estar “meses sin recibir un centavo” mientras espera el resultado de una nueva competencia, donde uno “invierte muy en serio”, a expensas del “ritmo” del trabajo científico en cuestión, una vez que es un proceso “muy competitivo”.

“Pero, de hecho, esto me gusta mucho y, en medio de las dificultades, logramos sobrevivir”, asume, reiterando su gusto por la investigación científica.

“Han sido años y años de hacer esto, ahora es absurdo hacer otra cosa, ¿y qué? Es otro mundo, significa cambiar radicalmente, implica una segunda vida, partir de cero”, justifica el astrofísico.

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Su precario sustento científico se ha basado en becas y contratos laborales de duración determinada.

Todavía enseña en la Universidad de Coimbra a estudiantes de maestría en la cátedra de Ciencias Planetarias, pero de forma gratuita. Un ejemplo del “voluntariado de los científicos”, expresa Nuno Peixinho, quien es miembro reciente de la coordinación regional del Centro de la Federación Nacional de Docentes (Fenprof).

El astrofísico pone el dedo en la herida: en Portugal, la investigación científica la realizan fundamentalmente becarios y contratistas. “La carrera científica está prácticamente muerta, no hay concursos abiertos, solo para la carrera docente”, se queja, y agrega que las universidades, que agregan centros de investigación, “están subfinanciadas ellas mismas”.

Para Nuno Peixinho, la Fundación para la Ciencia y la Tecnología, principal entidad dependiente del Gobierno que subvenciona la investigación científica en Portugal, a través de becas y contratos de duración determinada, “es la agencia de trabajo temporal del país”.

“Paga becas y contratos de trabajo temporal y las instituciones de educación superior no tienen responsabilidades ni cargos”, critica, defendiendo un “programa de integración en la carrera científica”, con una programación de concursos y fijación de vacantes.

Un asteroide como el que lleva su nombre “podría estar millones de años en el mismo lugar”. Nuno Peixinho persiste en el lugar que llama suyo, el científico. “Aquellos a los que les guste deben llegar hasta el final. Solo me rindo cuando no vale la pena y esa es la parte que aún no he descubierto”.

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