Space Quartet en CCB: conquistando un espacio real

La presentación del Cuarteto Espacial en el Pequeño Auditorio del Centro Cultural de Belém, ayer mismo, fue un recordatorio extraordinario de lo que todos nos hemos perdido: presenciar, sin la mediación de una pantalla, estos momentos de libre creatividad dibujados en un escenario. ante un público es una actividad fundamental para mantener diferentes ecosistemas musicales. Si, por un lado, la migración de la música a la esfera digital es inevitable, es posible, por ejemplo, escuchar Direcciones, así como varios otros títulos, en el bien equipado página Bandcamp Rafael Toral; la entrevista que nos concedió como anticipo de este concierto se realizó por correo electrónico y se publicó online; etc. – Por otro lado, hay algo absolutamente vital, al menos para esta música, que ocurre en situaciones en las que los artistas y su público comparten el mismo espacio físico. Espacio. Físico. Dos palabras fundamentales para entender el arte de este Cuarteto Espacial.

En el escenario estaban, como en el citado disco editado en Clean Feed, Hugo Antunes al contrabajo, Nuno Morão a la batería y percusión, Nuno Torres al saxofón alto “y, a falta de un término mejor”, como indicó el líder de el final de la presentación, “Micro-cosa” ”y, por supuesto, el propio Rafael Toral con una panoplia de generadores de ruido electrónico-analógicos: lo que parecía un theremin y un conjunto de lo que parecía ser, a una distancia de la que yo estaba , pequeños amplificadores de guitarra, modificados y alterados para generar la más gloriosa retroalimentación.

La actuación de Toral es bastante física y en ocasiones sus gestos casi parecen indicar el acto de escribir, como si fuera con los movimientos de su mano derecha, que sostenía lo que parecía un micrófono que generaba retroalimentación a medida que se acercaba o se alejaba de él transformó el mini amplificador que estaba en su mano izquierda, estaba escribiendo, literalmente en el aire, lo que podría ser un lenguaje abstracto, quizás el que hablan los autómatas. Es evidente el dominio performativo que tiene Toral de estos instrumentos, demostrando así que ha diseñado las interfaces perfectas que le permiten dialogar de verdad con los demás músicos: sus “conversaciones” con Nuno Torres, tanto en los momentos en los que “habló” a través de su cima, como en las otras en las que recurría a la llamada “micro-cosa”, un dispositivo que, una vez más, en la medida de lo posible observar desde la distancia a la que me encontraba, parecía una transformación Pedal de guitarra, son muy expresivos y profundamente musicales, navegando entre el fraseo improvisado del jazz y, a los espacios, acercándose formalmente a lo que se escucha en un contexto de electroacústica contemporánea.

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El cuarteto es, en este momento, una unidad altamente cristalizada, con un dominio total de su propio lenguaje e identidad, con cada uno de los músicos mostrándose capaz de encajar en el concepto propuesto por Toral. Y quedó plenamente corroborado lo que dijo el líder en la mencionada entrevista: “Lo que estos músicos tienen en común es una gran fluidez y dominio de varios códigos técnicos, llamémoslos así. Todos ellos son músicos de jazz muy competentes, y tienen o han tenido conexiones con el rock, mientras que tienen una amplia experiencia en la escucha de improvisaciones y técnicas poco convencionales ”. Totalmente cierto: Antunes tiene una elegancia profunda, pero eso no significa discreción o sutileza excesiva a la hora de hacer que su contrabajo suene siempre asertivo y como un instrumento que se ejecuta con diferentes técnicas, con el arco apareciendo en escena solo ya muy cerca del final. Igualmente expansivo es Morão, quien, aunque nunca cedió a encajar en un ranura, prefiriendo en cambio deambular entre diferentes modos rítmicos, recurriendo puntualmente a los gong y platillos que sonaban golpeándolos o utilizando un arco para extraer de ellos materia armónica vibrante, estaba, sin embargo, siempre puntuando el curso colectivo, erigiendo una base sólida capaz de sostener las derivaciones de sus compañeros. Y Torres es también un saxofonista asombroso, expresivo en su fraseo inventivo, dueño de un tono cromáticamente atractivo, capaz de hacer circular las propuestas abstractas de Toral con absoluta gracia y total seguridad.

Y lo que se exploró de esta manera fueron los diferentes espacios: el espacio sonoro que dibuja cada músico ejecutando su instrumento; el espacio que se establece entre las distintas “voces”; el espacio entre los múltiples sonidos generados y el silencio que también “mostraba”; el espacio entre los intérpretes y el público que, casi llenando los asientos disponibles en la sala, se sintió vibrar con lo que recibieron del escenario: a mi lado, alguien no pudo resistir la energía capturada sin devolver al menos parte de ellos tocando un pie vigorosamente en el suelo, como si quisieras unirte al colectivo que evolucionó en el escenario.

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La presentación consistió “sólo” en una larga “suite”, sin pausas, pero llena de dinámica: expansiva en un momento, reflexiva en el siguiente, frenética cuando se levantaba una sólida masa sonora y poco después capaz de sumergirse en un lago de casi silencio. Así como el theremin solo genera ese sonido espectral cuando su campo magnético se ve afectado por una presencia física, este Cuarteto Espacial también solo se expande a estrellas cuando recibe la energía propulsora de una audiencia. El próximo 22, el espacio volverá a ser el lugar en gnration, en Braga.

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