un espacio para la vida urbana

Marcelo Augusto Paiva Pereira

En un proyecto arquitectónico o urbano, la calle compone el diseño como espacio. Se pretende en relación a usos comunes, pero se distingue en cuanto a otros fines, de los que se apropia la población.

A la luz de la arquitectura, sirve como límite a la acera pública (aceras) y ayuda a ubicar los accesos y la posición de la propiedad que se desplegará en el lote. El urbanismo adquiere varias dimensiones (ancho y largo), destinadas al uso y circulación de los flujos de personas, bienes, servicios y vehículos entre las manzanas y a lo largo del tejido urbano.

Independientemente de la clase social, las personas se encuentran en la calle camino al trabajo, durante la hora del almuerzo, al final del día (o “rush”), en compras, ocio, recreación y también se apropian de ellas para manifestaciones populares, como marchas. , campañas políticas, fiestas religiosas y otros.

Las personas “sin hogar”, sin embargo, las convierten en refugios o viviendas permanentes o temporales, por las que a menudo deambulan sin un destino determinado. Las ferias se apropian de ellas durante un tiempo y espacio, determinado por la administración pública municipal, en el que los comercializadores realizan su comercio.

Hay casos en los que la apropiación de las calles por parte de los vecinos depende de la notificación previa al gobierno (CF, 5º, “caput”, XVI), que también puede convertir a algunos de ellos en el espacio de ocio de la población local los fines de semana, en la razón del espíritu de las personas para comunicarse con otros por intereses comunes o casuales.

La calle es también un espacio de manifestaciones serias, a veces violentas y convertidas en campos de batalla o “tierra de nadie”, que llegan a quienes están en ellas aunque no tengan participación en los conflictos. En este caso, las autoridades públicas actúan para contener los disturbios y determinar responsabilidades.

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En ciudades, barrios y pueblos, las calles han servido de espacio para diferentes usos, a veces ajenos al acceso a las manzanas y a la circulación de personas, mercancías, servicios y vehículos. En ellos se produce una interacción social, aunque sea de forma temporal, cuyos efectos son la circulación de ideas, opiniones, exposiciones artísticas o su uso como refugio o esparcimiento.

En los barrios, aldeas o pueblos pequeños, sirven como una extensión del hogar como lugar de esparcimiento temporal, como son ejemplos de actividades lúdicas para los niños (hopper, escondite, fútbol, ​​tag, etc.) y la recreación de adultos y personas mayores. Son apropiaciones ocasionales, a veces los fines de semana, cuando la circulación de vehículos es muy limitada o nula.

En definitiva, la calle es un espacio de vida urbana porque también sirve como apropiación (casual, provisional u otros) para usos diversos, en la oportunidad del momento y en la conveniencia del espacio, sin perjuicio de la finalidad para la que se se pretende, desde el proyecto hasta el uso por parte de la población. Finalmente, la vida urbana se desarrolla en las calles. Nada mas.

Marcelo Augusto Paiva Pereira es arquitecto y urbanista

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