crisis y desafíos para el diálogo entre ciencia y sociedad – Jornal da USP

A la observación amplia de la gravedad de la pandemia de covid-19 en ocasiones no permite percibir otras cuestiones que determinan los éxitos o fracasos en su enfrentamiento. Así, un agravante a comprender y mitigar es la infodemia, que se sobrepone a la crítica situación sanitaria que enfrenta la humanidad con el covid-19. La infodemia es un efecto colateral de los beneficios que brinda la conectividad digital y consiste en un volumen excesivo de (des)información no medida que circula rápidamente sobre un problema, dificultando su resolución. Directo al meollo del asunto: la forma en que se está difundiendo la desinformación, las fakenews y las teorías conspirativas ciertamente está dificultando que los gobiernos y la sociedad se organicen para enfrentar la crisis. La infodemia está degradando la relación no tan ejemplar entre ciencia y sociedad.

En los últimos siglos, la relación entre ciencia y sociedad se ha basado en la atribución de confianza y credibilidad al conocimiento académico. De hecho, las contribuciones científicas han sido cruciales para la humanidad y, dentro de un alcance de conocimiento establecido y asertivo, los beneficios de la ciencia son inconfundibles. Por ejemplo, en el caso de enfermedades respiratorias transmisibles, el uso de mascarillas y el distanciamiento social son medidas efectivas para contener la propagación. Pero la ciencia tiene límites y desafíos debido a las incertidumbres y los fenómenos emergentes, como es el caso del surgimiento del covid-19. Una enfermedad nueva y desconocida trae consigo una serie de interrogantes por responder, lo que hace referencia a la necesidad de superación y superación por parte de la comunidad científica. Así, muchas preguntas sugieren y exigen respuestas urgentes, y muchas de estas preguntas siguen sin respuesta.

A pesar de los desafíos del conocimiento, la ciencia se reproduce a partir de experiencias pasadas y procesos exitosos. Esto es lo que sucede con el desarrollo y aprobación de vacunas. En este sentido, incluso frente a un nuevo agente etiológico o con innovaciones tecnológicas, se replica un conjunto de procedimientos ya conocidos, seguros y asertivos basados ​​en éxitos y conocimientos probados. Esta forma de reproducir supuestos y metodologías caracteriza lo que Thomas Kuhn llamó ciencia normal.

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El conocimiento consolidado y debidamente calificado debe guiar el diálogo con la sociedad, aún frente a las incertidumbres, que debe servir para el progreso de la ciencia y su relación con la sociedad. Pero eso no es lo que está sucediendo en el escenario actual. La velocidad de difusión de información falsa, el uso selectivo de verdades parciales y el uso político de este contexto infodémico están poniendo la desinformación en pie de igualdad con el conocimiento científico consolidado. Este contexto no solo socava la relación entre ciencia y sociedad, sino que también promueve rupturas, polarizaciones y fuertes antagonismos entre los más distintos actores sociales, compañeros de trabajo, amigos, familiares.

Este potencial divisivo ha caracterizado la estrategia política en Brasil hoy. En el libro Los ingenieros del caos, de 2019, el autor Giuliano Da Empoli describe cómo los políticos de extrema derecha se han beneficiado del potencial de las redes digitales, explorando la conectividad a partir de proyectos radicales y la lealtad estratégicamente constituida por la manipulación de las emociones. En este contexto, la difusión de información absurda se consolida como un vector de cohesión más eficiente que la información cualificada. Así, vemos la exacerbación del papel de la desinformación y la trampa que ofrece el mal uso de la tecnología.

Las nuevas epidemias o pandemias siempre van acompañadas de algún grado de desinformación, miedo y creencias infundadas. Pero lo que vemos hoy es un nuevo nivel de difusión, donde no solo la desinformación se propaga muy rápido, sino que también cree en las redes de confianza y lealtad, ubicándose de manera totalmente indebida frente al conocimiento científico calificado y asertivo.

Veamos la cruzada contra la vacunación de niños en Brasil. Imagina que tienes un pastel frente a ti, así que entras allí y obtienes la guinda. De esta manera, se procede con el uso selectivo de una verdad parcial, como en el caso de la afirmación de que pocos niños morían por Covid-19. Pero este pastel tiene mucha más masa y relleno. Por eso hay que señalar que no pocos niños fallecieron al comparar la causa del covid-19 con otras enfermedades que ya están en el calendario vacunal brasileño. Además, la inmunización de los niños en un país con una población joven como Brasil representa mucho para controlar la propagación del virus. Asimismo, el riesgo del proceso de inmunización es mucho menor que el riesgo de no vacunar, es decir, mostrando una relación de seguridad y eficacia.

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Las incertidumbres relacionadas con fenómenos emergentes como el covid-19 en realidad carecen de un mayor diálogo con la sociedad sobre los límites de la ciencia. Esto lleva a reconocer que, a través de la duda y la imposibilidad de respuestas científicas plenas, los grupos sociales en sus más diversas conformaciones y contextos encuentran alternativas positivas para enfrentar la crisis, por supuesto, en consonancia con las mejores decisiones y políticas públicas. Para ilustrar, al comienzo de la pandemia en 2020, la comunidad de Paraisópolis en São Paulo utilizó sus atributos organizativos y su capital social para crear “presidentes de calle”. Estos actores, en un contexto urbano periférico, contribuyeron a mantener la distancia social, especialmente de las personas infectadas, y organizaron el acceso a recursos como alimentos para los más necesitados. Hubo, por tanto, un reconocimiento de conocimientos científicos calificados para comprender mínimamente la enfermedad, su gravedad y forma de contagio. También hubo competencia local, solidaridad y creatividad, incluso frente a muchas incertidumbres científicas al comienzo de la crisis.

Lo que aquí se plantea es la necesidad de estimular y crear medios para que la ciencia, aún con limitaciones e incertidumbres, sea objeto de una resignificación productiva en los más diversos contextos sociales. Pero, por supuesto, esto debe hacerse con honestidad intelectual, utilizando los conocimientos científicos más calificados y con humildad a través de la importancia de los conocimientos más distintos que serán relevantes para esta, digamos, ecología del conocimiento. Sí, los fenómenos emergentes permeados por incertidumbres exigen una reflexión conjunta y colaborativa con los más diversos actores sociales y sus formas de interpretar el mundo. Esta forma inclusiva y dialógica de hacer ciencia, con reconocimiento de incertidumbres, reflexión y control crítico por parte de la sociedad, ha sido denominada ciencia posnormal. Pero, por supuesto, este diálogo no puede materializarse con el mal uso, la manipulación y el uso deshonesto de la desinformación. El uso político deletéreo de la infodemia conduce a una superposición de factores negativos que exacerban la crisis. Su forma de causar disrupción y antagonismo es contraproducente y destructiva, lo que lleva a lo que podríamos considerar un fracaso sistémico: múltiples crisis que operan sinérgicamente y se construyen unas sobre otras. En el caso del Covid-19, esto ciertamente se traduce en cientos de miles de muertes evitables.

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Es fundamental conocer mejor y encontrar formas de contener la infodemia y sus efectos negativos. La Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, viene proponiendo el desarrollo de alternativas de infovigilancia en caso de desinformación asociada a epidemias. También es importante que las plataformas digitales asuman una postura más responsable con los contenidos que transmiten y que la sociedad y los poderes públicos sean más conscientes, interactivos y proactivos al respecto. Se vuelve necesario responsabilizar a las personas que producen y difunden desinformación deliberadamente o bajo intereses creados. Es necesario reconocer que lo que sucede en el mundo virtual puede (¡y lo hace!) tener consecuencias en el mundo real.

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