Cristovam Buarque: desenredando el cerebro

publicado en 28/12/2021 06:00

(crédito: kleber sales)

CRISTOVAM BUARQUE – Profesor Emérito de la UnB

La última frase del libro Into the Maze of the Brain dice: “En unas pocas décadas, nuestros libros de medicina estarán en los museos como documentos de una época en que las cabezas, el pecho y el abdomen de los pacientes se abrían”. Refleja la percepción del autor sobre la evolución de la medicina, pero no se aplica al libro en sí, que tiene las cualidades de la buena literatura: deslumbra al lector, aumenta el conocimiento sobre la realidad y sus misterios, y provoca nuevas ideas y conceptos.

En el laberinto del cerebro, de Paulo Niemeyer Filho, deslumbra al relatar las aventuras del avance de la ciencia y las batallas médicas para dar calidad de vida a las personas. El autor logró entrelazar las aventuras de pensar y actuar; comprender cómo funciona el cerebro y corregir sus disfunciones. Es emocionante seguir los desafíos del científico para desbloquear el conocimiento sobre el cerebro y los desafíos del cirujano cuando usa sus manos para salvar vidas y recuperar las habilidades perdidas. Doble aventura de saber y hacer, con texto fluido, bellas imágenes y analogías poéticas.

El autor describe sus victorias y logros como científico y cirujano, transmitiendo al lector una mezcla de sorpresa, encanto y esperanza. Tenga la seguridad de que es un gran escritor y un gran científico. Terminamos de leer cada capítulo con admiración, respeto y confianza en el trabajo que describe el autor, y con alivio por el final feliz de cada historia bien contada. Como si Fernão de Magalhães hubiera sobrevivido y contado su aventura, mientras describía la belleza de la geografía, la ciencia de la navegación y la ingeniería náutica.

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Paulo Niemeyer Filho, con rara competencia, provoca tensión narrativa creando estimulantes frases iniciales para sus capítulos: “¿En qué momento empezó a hablar el hombre primitivo?”; “Cuando miramos el cerebro, vemos que, como una fruta, tiene dos colores”; “En 1835, dos investigadores de la Universidad de Yale presentaron en el Congreso Mundial de Neurología, en Londres, la experiencia de seccionar los lóbulos frontales en dos chimpancés”; “A última hora de la tarde, me apresuraron a atender al hijo de un par de amigos, que había sufrido un traumatismo craneoencefálico por caerse de una patineta”; “En una tarde de fin de semana me invitaron a recibir a un paciente que venía del interior del estado, en ambulancia, con entumecimiento en las piernas luego de una caída de caballos”; “Un día un amigo me llamó para quejarse de un dolor de cabeza diferente”. Cada una de las aperturas despierta la curiosidad del lector, como hacen los grandes escritores cuando encuentran la frase correcta antes de una buena historia. Y lo hace para describir la aventura del diagnóstico, la búsqueda de alternativas para enfrentar el problema, lo que se hizo antes y cuáles fueron los resultados.

En el capítulo que comienza con la frase “Una mañana de marzo, una pareja es atendida en la consulta externa del hospital local”, Paulo Niemeyer cuenta la fascinante historia del primer caso identificado, en 1901, por el Dr. Alois Alzheimer, de la enfermedad que luego recibió su nombre, gracias al descubrimiento que hizo, contrario a la ciencia de su tiempo. Una clase sencilla de historia de la medicina, con la cualidad de ayudarnos a identificar los síntomas de esta enfermedad y saber afrontarla.

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En el laberinto del cerebro hay un libro para leer por el placer de leer, por la acumulación de conocimientos que transmite y por las advertencias que hace. Además, un libro que transmite esperanza y enseña cómo salvar vidas al indicar síntomas de enfermedades que pueden evitarse o curarse si se tratan a tiempo. Es recomendable que los jóvenes adquieran el gusto por la lectura y la atracción por la aventura de la ciencia y la medicina.

En medio del placer y el aprendizaje que transcurre, el libro nos hace imaginar que los grupos sociales se pueden comparar con los organismos humanos, como si Brasil tuviera un cerebro que sufre de Alzheimer al olvidar su historia, sufre de tumores, accidentes cerebrovasculares e isquemia que nos impiden utilizar el potencial que tenemos. Sobre todo, cuando provocamos una terrible isquemia social, por la falta de escuelas de calidad para todos nuestros niños. Lo que nos hace pensar que el cerebro humano, al menos los políticos, tiene un defecto de fabricación en el sentido de que tiene un inmenso poder lógico para comprender y manipular la realidad, pero sin una ética que regule este poder.

En el laberinto del cerebro, hay otra cualidad de los grandes libros: cuando terminamos de leer, queremos empezar de nuevo y reflexionar más sobre cada frase que subrayamos, además de querer que muchos vivan las aventuras que él describe y descubran la estimulante belleza. de sus páginas.

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