Esperanzas y riesgos – 31/12/2021 – Opinión

Al igual que a principios de 2021, las esperanzas para este año se centran en superar la pandemia y volver a la normalidad, en la vida y en la economía.

Con el avance de la vacunación, es plausible que el mundo vea la posibilidad de vivir con el virus y así poder retomar paulatinamente las actividades aún afectadas a lo largo de 2022.

Si se cumplen los mejores escenarios para la enfermedad, la expansión económica continuará, especialmente en los servicios más intensivos en mano de obra, y será posible reducir el desempleo que azota a la mayor parte del mundo.

Por otro lado, el mantenimiento de las restricciones, de ser necesario, también mantendrá la demanda de protección social y traerá nuevas dificultades para la gestión de los presupuestos públicos, con los riesgos asociados, como la inflación y la falta de control financiero.

Otro tema que dominará la atención es la escalada de precios, por cierto. En 2021, el shock inflacionario global resultó ser mayor y más persistente de lo esperado. A partir de ahora, esperamos una normalización paulatina de los cuellos de botella logísticos y productivos, lo que ayudaría a estabilizar el poder adquisitivo.

Pero el riesgo de un fenómeno más duradero está presente y ya domina las acciones de los principales bancos centrales del mundo, provocando que suban los tipos de interés y se endurezcan las condiciones financieras.

En el lado positivo, las expectativas de inflación a largo plazo siguen siendo bajas, lo que sugiere que no será necesario hundir la economía mundial en otra recesión para contener los índices.

La atención de los mercados financieros se centrará en cualquier evidencia que arroje sombras sobre este panorama aún benigno.

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El entorno internacional parece compatible con un ciclo de crecimiento aún largo, aunque condicionado por una evolución favorable de la pandemia. Las principales regiones del mundo deben tener crecimiento. Incluso China, que mantiene tolerancia cero para el virus y enfrenta una desaceleración prolongada en sectores clave, aún tiene que mantener una actividad vigorosa.

El panorama global, por tanto, no es negativo para Brasil, cuyo desempeño dependerá del retorno a políticas públicas mínimamente coherentes en áreas fundamentales como salud, educación y gestión presupuestaria. El gobierno de Jair Bolsonaro no dará tanta esperanza este año, que estará condicionada al debate electoral.

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