Globalización: ¿el principio del fin? – Ramon O’Callaghan

La globalización ha sido una fuerza positiva sin precedentes en la historia de la humanidad. Como resultado, durante las últimas tres décadas, el ingreso per cápita promedio del mundo se ha duplicado, sacando a 1.300 millones de personas de la pobreza extrema. Sin embargo, el escenario de cambio económico y político ha llevado a un período de mayor nacionalismo y proteccionismo. Las empresas internacionales quieren operar sin problemas a través de las fronteras nacionales y es fundamental que no sean víctimas de una política cada vez más proteccionista. Dado que las empresas multinacionales pueden difundir las mejores prácticas y elevar los estándares globales, proporcionan un medio para innovar, crear nuevos puestos de trabajo y prosperar. Sin embargo, con el aumento de las tensiones geopolíticas, las restricciones a los viajes internacionales y las cadenas de suministro globales interrumpidas por la pandemia, algunos se preguntan si la globalización puede sobrevivir.

¿Está realmente la globalización en declive? La evidencia nos muestra lo contrario, la globalización está lejos de estar muerta y en 2020 ha demostrado ser más resistente que nunca. Prueba de ello es el DHL Global Index, una iniciativa del Center for the Future of Management de la New York University. El Índice monitorea la globalización de 169 países, sobre la base de los flujos internacionales y teniendo en cuenta el tamaño de sus economías y la medida en que se distribuyen, a nivel mundial o pequeñas. Los últimos datos muestran que los Países Bajos son el país más conectado del mundo, seguido de Singapur, Bélgica y los Emiratos Árabes Unidos. El Reino Unido se encuentra en el octavo lugar, Alemania en el 13, Francia en el 21, España en el 27 y Portugal en el 36.

El Índice de conectividad global de DHL mide la globalización en función de los flujos internacionales de comercio, capital, información y personas. ¿Y qué nos dicen estos flujos sobre el estado de la globalización?

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La restauración del comercio mundial ha superado todas las expectativas. Aunque el comercio de productos básicos cayó más rápido en marzo y abril de 2020 que durante la Gran Depresión y la crisis financiera, reanudó el crecimiento en junio y alcanzó su nivel prepandémico en noviembre. El cambio en el comercio internacional invalida la idea de que covid-19 está provocando la desaparición de las cadenas de suministro globales. Muchas empresas ya han presentado planes para reubicarse, reconociendo que la concentración de la producción nacional a menudo aumenta los costos, sin aumentar la resiliencia. La diversificación entre sitios de producción eficientes nacionales y extranjeros, junto con inversiones en tecnología e inventario, tiene más sentido, y las encuestas muestran que más empresas están adoptando estas estrategias.

Los flujos de capital se han visto más afectados que el comercio. Los flujos de inversión extranjera directa (IED) cayeron un 42% en 2020. Sin embargo, esta disminución no carece de precedentes. La IED cayó un 43% en 2001 y un 35% entre 2007 y 2009. Y, si bien la crisis provocó retiros récord de las carteras de los mercados emergentes, estos flujos se estabilizaron tras la intervención de los gobiernos y los bancos centrales. Una política fiscal y monetaria agresiva evitó otra crisis financiera mundial. Las empresas siguen siendo cautelosas a la hora de invertir en medio de una frágil recuperación económica, pero las fusiones y adquisiciones (M&A) internacionales están mostrando signos de recuperación. El caso comercial para invertir en empresas extranjeras seguirá basándose en criterios tradicionales, como el acceso a los mercados y los recursos, pero las evaluaciones de riesgo pondrán más énfasis en los factores geopolíticos en el entorno actual.

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El tráfico internacional de Internet se ha disparado en un 50% en 2020. Los flujos de información han aumentado debido a la pandemia, que ha obligado al trabajo y la educación a conectarse. Mientras tanto, la colaboración mundial en la investigación científica ha seguido una tendencia constante al alza. El aumento de los flujos digitales ha acelerado dos tendencias comerciales. En primer lugar, el teletrabajo permite a las empresas tener más acceso a talento extranjero. En segundo lugar, la expansión del comercio electrónico transfronterizo permite que las pequeñas empresas se globalicen. Sin embargo, una consecuencia de esto es que las empresas de todos los tamaños deberán estar atentas a nuevos competidores que utilicen el comercio electrónico para ingresar a sus mercados.

Si bien los flujos de comercio, capital e información han respondido bien a la pandemia, la movilidad personal se ha limitado para frenar la transmisión del virus, lo que ha provocado una disminución sin precedentes del flujo de personas. La cantidad de personas que viajan al extranjero disminuyó en un 70% en 2020. Aunque los viajes de negocios representan solo el 13% de los viajes internacionales (pre-covid), juegan un papel clave en la facilitación del comercio, la inversión y la gestión empresarial global. Las empresas multinacionales deben prestar atención a los efectos de las restricciones de viaje, ya que los equipos globales son más vulnerables que los equipos nacionales a malentendidos y abusos de confianza, especialmente después de largos períodos sin contacto cara a cara.

Uno pensaría que un mundo cada vez más multipolar con relaciones en deterioro entre las economías más grandes del mundo podría conducir a una regionalización aún mayor. Pero, por ahora, los datos no muestran fuertes signos de una fractura de la economía mundial a lo largo de líneas regionales. Aunque la disociación entre Estados Unidos y China se ha acelerado durante el último año, las dos economías más grandes del mundo todavía están profundamente interconectadas. Asimismo, la participación del Reino Unido en el comercio con la UE se ha mantenido bastante estable desde el referéndum del Brexit.

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Además, muchos gobiernos han tomado medidas importantes para abrir los mercados durante el año pasado. La Asociación Económica Global Regional (RCEP) se firmó en noviembre, con la promesa de simplificar el comercio en la región de Asia y el Pacífico, que representa casi un tercio de la economía mundial. El acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá comenzó en julio y reemplazó al antiguo TLCAN. Y el Tratado de Libre Comercio Continental Africano (AfCFTA) comenzó el 1 de enero de 2021. Estos movimientos están respaldados por datos de opinión pública en varios países, donde las mayorías quieren una mayor cooperación internacional.

La globalización trae oportunidades, pero también riesgos. Estos deben gestionarse de manera más eficaz para garantizar que no haya contratiempos. Dar la espalda a la globalización no es la solución. Los países más conectados a los flujos globales tienden a crecer más rápido. Entonces, para acelerar la recuperación, necesitamos más, no menos, globalización. Y lo que nos ha enseñado el covid-19 es que debemos redoblar nuestros esfuerzos para crear un mundo más inclusivo, sostenible y saludable, donde la globalización sirva para superar riesgos y brechas sociales y sea un instrumento para lograr la prosperidad compartida y sostenible para toda la humanidad. .

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