La ciudadanía exige el paso (Por Hubert Alquéres)

La historia también se hace a través de manifiestos. En la década de 1930, cuando Brasil se embarcaba en el camino de la industrialización y urbanización, los signatarios del Manifiesto dos Pioneiros da Educação Nova – Fernando de Azevedo, Lourenço Filho, Anísio Teixeira, entre otros, ya advertían que Brasil estaba detrás de México, Uruguay, Argentina y Chile en materia de educación, por citar sólo los países de América Latina.

El documento predica la renovación de la educación en el país, propone al Estado organizar un plan nacional para la región y defiende la escuela pública, laica, obligatoria y gratuita. Hasta hoy, el texto es tratado como referencia para los debates pedagógicos encaminados a la democratización de la educación.

Si recordamos de memoria, recordaremos también el Manifiesto dos Mineiros, de 1943, cuando 92 intelectuales y juristas exigieron, en tono moderado, el fin del Estado Novo y la redemocratización del país. Primero distribuido de mano en mano, su publicación en un periódico condujo al arresto de dignatarios y la destitución de cargos públicos.

La voz de los mineros resuena, iniciando el fin del letargo de la empresa. Se ampliará en 1945, cuando el Primer Congreso de Escritores Brasileños se pronuncie contra la dictadura de Vargas, llamando a un gobierno “elegido por sufragio universal, directo y secreto”.

Treinta y dos años después del fin del Estado Novo, otro manifiesto volverá a pasar a la historia. En agosto de 1977, el profesor Goffredo da Silva Telles hijo leyó, en las Arcadas do Largo São Francisco, territorio libre de la Facultad de Derecho de la USP, la “Carta a los brasileños”. El manifiesto, firmado por 3.000 profesores, juristas e intelectuales, declara ilegal cualquier poder basado en la fuerza, defiende el retorno del país al estado de derecho y la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Después de 13 años de gobierno militar, la sociedad civil se ha hecho escuchar, demostrando que está viva.

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Hoy estamos viviendo tiempos similares. La ciudadanía vuelve a exigir su paso, a través de la “Carta a los brasileños y brasileñas en defensa del Estado de Derecho”. Con más de 700 mil firmas, entre ex ministros del STF, juristas, intelectuales, empresarios, sindicalistas y artistas, será leída el 11 de agosto, en la misma facultad de derecho donde Goffredo Telles hijo leyó la Carta de 1977.

La simbología entre los dos mapas no es casual. Aunque pertenecen a diferentes momentos históricos, expresan valores comunes: democracia, respeto por el Estado democrático de derecho, respeto por la voluntad soberana de los brasileños. Ambos nacieron de la sociedad civil como una iniciativa no partidista.

No gratis, el manifiesto actual aspira a la moderación, al igual que la carta de hace 45 años. On peut en dire autant du « Manifesto dos Mineiros » de 1943 et de la « Lettre des Intellectuels » de 1945. Chaque fois qu’il a suivi la voie de la modération et de la conciliation, le Brésil a su surmonter les obstacles et aller adelante. Por ese camino, dejamos atrás 21 años de dictadura y entramos en el mayor período de normalidad democrática de nuestra historia.

Moderación no es sinónimo de tibieza, todo lo contrario.

La Carta a los brasileños es firme y enérgica en defender lo esencial: el Estado democrático de derecho y nuestro sistema electoral. Pero prescindió de adjetivos o palabras que pudieran comprometer su alcance. Ese espíritu de unión, de ceñirse a lo esencial, ha permitido la adhesión de un amplio espectro, pues bajo su paraguas se encuentran personas de los más diversos colores.

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Llama la atención la horizontalidad de las más de 700.000 adhesiones al manifiesto, muestra clara de una sociedad civil floreciente y compleja. Estos son datos relevantes. Esta sociedad está mostrando claros signos de despertar y no admitir los retrocesos en el orden democrático construido en los últimos 37 años. El Brasil de hoy es muy diferente al de los años plomizos del período militar.

Cambió el mundo, cambió Brasil. Nuestra economía se ha vuelto más compleja y más integrada a la economía global. Cualquier intento de ruptura democrática chocará con resistencias externas, pero sobre todo internas. Ejemplo de ello es la maduración del mundo empresarial brasileño, que también se suma a la defensa de la democracia, como predica el manifiesto de la Fiesp, también para ser leído el día 11, firmado por empresarios y sindicalistas.

No se puede ignorar la existencia de pesados ​​nubarrones capaces de sacar a Brasil de momentos tensos en la carrera presidencial. La Carta a los brasileños lo reconoce cuando afirma: «más que un partido cívico, estamos pasando por un momento de extremo peligro para la normalidad democrática, riesgo para las instituciones de la República e insinuaciones de desprecio por las elecciones».

Sí, las amenazas son reales. Pero hay motivos para confiar en la capacidad de Brasil para llegar a un puerto seguro después de las elecciones. Este optimismo se basa en que la cultura democrática y el respeto por el pronunciamiento soberano de las urnas se han extendido a amplios sectores de la sociedad.

La democracia demuestra entonces resiliencia a través de instituciones que cumplen su función -como es el caso de la justicia electoral- y una ciudadanía dispuesta a escribir la historia, como lo han hecho en el pasado los suscriptores del Manifiesto.dos Mineiros, dos Pioneiros da Educação. Carta de 1977.

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Hubert Alquéres es miembro de la Academia Paulista de Educação y Secretario de Estado de Educación de São Paulo

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