¿La economía a oscuras?

Brasil enfrenta una de las peores sequías de su historia, que es más severa en los lugares donde se ubican los principales embalses que generan electricidad. El país ya ha atravesado momentos críticos en lo que respecta al uso de energía, y en medio de la pandemia, teme mirar atrás con la incertidumbre de lo que pasará el resto del año. Ante este escenario atípico, el Operador de la Red Nacional (ONS) recordó que durante los últimos siete años, los embalses hidroeléctricos han recibido un volumen de agua inferior al promedio histórico y que, en consecuencia, se deberán realizar esfuerzos para evitar situaciones en la segunda mitad del año, como racionamiento energético o, en el peor de los casos, apagones en todo el país.

Primero, cabe señalar que los impactos de la sequía no se limitan a la disponibilidad de recursos hídricos para la producción de energía. La falta de lluvia ha provocado pérdidas de cosechas en importantes zonas productoras de alimentos que, a su vez, aumentan los precios de productos básicos como el maíz, el azúcar, el trigo y la carne. Además de la sequía, otros dos factores: el aumento de los precios internacionales de las materias primas y el dólar alto, aumentan aún más la presión sobre los bolsillos de los brasileños.

En 2001, Brasil adoptó el racionamiento de energía, que apuntaba a una reducción promedio del 20% en el consumo, con algunas variaciones en la meta durante el período. Esto se debió a que la demanda excedió la capacidad de producción ese año y a la ineficacia del gobierno en la diversificación de la matriz energética.

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En particular, esta crisis ha impactado la economía del país con consecuencias fiscales, inflacionarias y de actividad económica, que pueden repetirse incluso teniendo en cuenta el diferente contexto económico global y nacional. Se estima, por ejemplo, que algunos sectores industriales con alto consumo energético redujeron su producción hasta en un 11,9% en ese momento respecto a años anteriores.

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En el caso del año en curso, con la bandera roja del arancel ya vigente, el riesgo de desabastecimiento es real a pesar del descenso del papel de las centrales hidroeléctricas. Además, incluso el bajo nivel de actividad económica no pudo evitar problemas por falta de energía, como lo señaló el Instituto de Energía y Medio Ambiente de la Universidad de São Paulo. Por tanto, al proyectar un alto consumo para los últimos meses del año -por la posible recuperación de la economía- y un racionamiento efectivo, tendríamos al sector industrial muy afectado y consecuente impacto en el PIB. Desde el punto de vista de los precios, que ya están presionando las tasas de inflación, si aumentan aún más, causarán malestar al consumidor.

Por lo tanto, es correcto enfrentar con preocupación los posibles impactos de una nueva crisis en el sector energético, especialmente en un momento de tanta fragilidad de la economía brasileña, los sectores productivos y la población con las consecuencias de la pandemia. Ahora, para compensar el tiempo perdido en la planificación de los riesgos relacionados con el agua, el gobierno busca incluir una mayor proporción de combustibles fósiles en la matriz, además de promover el retorno de programas de ahorro como la extinción del horario de verano.

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