La impunidad insostenible de los facilitadores

Después de cuatro años de discursos de odio, discursos sin reservas sobre opositores políticos, ataques diarios a la prensa “enemiga del pueblo”, marchas intimidatorias de milicias supremacistas que proliferan en los cuatro rincones de América e invasiones armadas en congresos estatales, solo nos sorprende el eso sucedió en Capitol Hill, que estaba jugando con fuego, devaluando sistemáticamente la palabra y los hechos del presidente Trump.

Los trompetistas de turno, más que aquí, han fluctuado entre tres posiciones: algunos han sido silenciosamente cobardes, otros han tomado la brecha, pero otros han permanecido ciegos en la adoración del jefe. Enfocaré este análisis en la realidad interna estadounidense, para no caer en el error de sobrevalorar las figuras más pequeñas que el espacio público portugués ha puesto en primer plano y que se conocerá como facilitadores de la degradación democrática.

Contrariamente a la postura de los fanáticos portugueses (columnistas, académicos, políticos), que optaron por ser tan silenciosos como las ratas, los políticos republicanos se han dividido entre el seguidor y la separación de última hora, con la honorable excepción de Mitt Romney, quien hizo el corte incluso antes de la el proceso de destitución hace un año, siendo el único senador republicano que aprobó uno de los artículos acusatorios. La lógica de estos dos caminos es clara: todos están tratando de entender qué espacio tendrán para atacar el ciclo electoral del interino (2022) y presidencial (2024).

Sin embargo, el balance inmediato de la regeneración del partido no es famoso: el 65% de los miembros de la Cámara de Representantes convalidó la tesis del robo electoral incluso después de la invasión nativista del Congreso, así como cerca de una decena de senadores. Dado que la cámara baja va a las elecciones dentro de dos años, podemos concluir que el cálculo de los republicanos continúa basándose en las tesis y métodos de Trump como electoralmente más ventajoso. Aunque hubo una mayoría demócrata allí, parece claro que los eventos del Capitolio no terminaron un ciclo devastador, sino que iniciaron una nueva etapa de perversión sistémica.

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Este punto me lleva a la figura de Trump, cuya centralidad suele agotar cualquier intento de análisis más profundo. La señal emitida por los republicanos en la cámara baja nos dice que una gran masa de legisladores está dispuesta a perpetuar las tesis de Trump más allá del mandato de Trump, es decir, el arraigo de las teorías de la conspiración, el discurso de odio, el nacionalismo y La devaluación de los resultados electorales, si existió antes de que Trump llegara a la Casa Blanca, lo sobrevivirá y se basará en el potencial electoral que recientemente le ha otorgado más de 70 millones de votos.

Esto tiene dos consecuencias inmediatas. Primero, socava la redefinición ideológica del Partido Republicano, en el sentido de recuperar un rol más constructivo en el sistema político, y la reconciliación social que objetivamente necesita el país. Una posible forma de desenredar la pelota puede pasar por una división interna. En segundo lugar, dificulta aún más el papel de la administración Biden, que, incluso con un Congreso tímidamente favorable, necesita puentes con el partido de oposición para aprobar leyes reformistas, ratificar tratados o aprobar enmiendas constitucionales. Este punto es, de hecho, sumamente relevante dado el momento en Washington hasta el 20 de enero, fecha de la investidura del nuevo presidente.

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